En términos generales soy muy feliz en mi trabajo: conozco gente de todo tipo, no tengo que pasarme la vida entre números, escribo cosas que a veces me gustan y otras que no tanto, pero que no me molestan, estoy en una oficina preciosa y mis compañeros son maravillosos. Creo que soy una afortunada al tener tantas ventajas en la vida laboral, no obstante a veces me llega la duda de si efectivamente estoy cumpliendo con mi misión en la tierra, o si todavía hay algo que haría mejor y disfrutaría más, sólo que no lo he encontrado.
Creo que no soy la única que se hace esta pregunta, de hecho tiene mucho sentido, mi amiga Ana dice que son pocos los afortunados que encuentran en la vida aquello que verdaderamente disfrutan, pues pasándose haciendo cosas que hacen bien, y que no les molestan, no buscan más allá o peor, buscan, pero no encuentran, porque, obviamente, no es tan sencillo. Hoy voy a fantasear un poco con una de las cosas que he querido hacer, y a imaginarme cómo sería mi vida.
He dicho, por ejemplo, que quisiera tener un pequeño café librería, un sitio pequeño y acogedor al que llegaría todos los días a eso de las 9.00 a.m. y a donde yo me encargaría de la mayoría de las cosas. Estaría detrás del mostrador recibiendo a la gente con una sonrisa, mientras les prepararía un café cuyo aroma invadiría todo el espacio; los clientes se sentarían a tomarse su expreso, su capuchino, su tintico, acompañado con un delicioso croissant de queso y una galletita de nueces para endulzar la mañana.
Ellos, claro está, tendrían a su disposición los periódicos del día y un buen surtido de revistas de todo tipo, desde las de moda, pasando por las de actualidad, hasta las de carros. Una característica fundamental sería que nunca los acosaríamos a irse, podrían estar allí la mañana o tarde entera, incluso el día. Es algo parecido al hermoso
Prólogo que conocí en Bogotá, claro que no tan librería porque yo no soy tan culta ni he leído tanto como el Lleras dueño de ese hermoso lugar, entonces no podría recomendar tanta cosa, de hecho ellos son más librería, nosotros seríamos más café.
Creo que me inclinaría por tener libros y revistas de temas deportivos y de yoga y vida saludable (incluso para la venta), así el lugar tendría un foco claro; obviamente si vamos por lo saludable, pues tendría que tener alimentos que respaldaran la propuesta. Entonces, además de cafés, dispondría de unos buenos jugos y
smoothies, como no soy chef, recurriría a los servicios de
Dany, mi hermano, quien además sería el asesor musical, quien velaría porque no aburriéramos a los clientes nunca con malas selecciones para el oído y el gusto.
Siguiendo con el tema del menú, no seríamos un restaurante, sólo café y sitio de
snacks, no descartaríamos el menú del día, pero entonces sería un buen sándwiche de salmón ahumado o de queso ricotta con jamón ahumado y similares, y para el que quiera papitas, serían de paquete, bien seleccionadas, pero de paquete, porque no vamos a freír nada, no es que sea fanática antigrasa, amo las papitas a la francesa, pero este lugar deberá oler a café y a chocolate, a dulces deliciosos, pero no a aceite quemado.
Cada día tendríamos una lectura seleccionada que podríamos en las mesas en una fotocopia sencilla, nada complicado, sólo algo que yo misma haya escrito o que tome de algún autor chévere y que sirva para ambientar, para despertar el cerebro al tiempo que el cuerpo se activa con un buen café. Volviendo a la comida, habría
beagles (incluyendo los deliciosos de chocolate de Eduardo Madrid, y claro sus
muffins de mora y chocolate también),
cinnamon rolls, danesas... siempre me voy por lo dulce, qué cosa, pero tranquilos que Dany es más de sal y él no permitiría que el café fuera una simple casita de Hansel y Grethel.
Ahora puedo imaginar muchas otras cosas, pero como apenas estamos montando el negocio (mentalmente), pues no es tiempo de pensar que si un día llevamos a un profe de yoga para una conversada gratuita y bien sabrosa y cosas así, eso sería más adelante. Yo por mi parte, también tendría mi rato libre para sentarme en una mesita, servirme mi buen café y seguir alimentando este blog o a escribir cualquier otra cosa que se me venga a la cabeza; esperaría que fuera un sitio muy cercano a mi casa para no tener que manejar mucho y procuraría llenar el lugar de buena energía y mucha paz.
Creo que me suena, no sé cuando tenga el valor, pero cada día estoy más convencida, vamos a ver, por ahora le voy a mandar este
link a mi prima, que dice que las ideas no se pueden quedar sólo en la cabeza, hay que implementarlas. Por lo pronto ya la escribí, vamos a ver si tengo el coraje de darle vida.