viernes 30 de octubre de 2009

Trayendo lo que otros expresan con maestría

Como he estado bastante muda, recordé que a veces es buena idea dejar que otros hablen por mí, así que dejo este artículo de Ricardo Silva Romero, publicado en El Tiempo y que me resulta de una lucidez bárbara.

Señoritas

lunes 10 de agosto de 2009

Mi vecino el monstruo

Desde hace unos dos años somos testigos de cómo el otrora verde lote del restaurante La Aguacatala y otros terrenos vecinos, perdieron su esplendor natural para dar paso a un monstruo de concreto: el centro comercial Santafé. Cuando trato de olvidarlo para no seguirme mortificando, entonces me topo con alguno de los camiones que viene a traer materiales o escucho uno de los tantos taladros que utilizan; simplemente no puedo olvidarlo, ahí está mi vecino el monstruo.
Escribo este artículo, a riesgo de verme en menos de un año ingresando por una de las puertas de este mastodonte, incapaz de resistirme a llevar a mis sobrinas a Divercity o de comer algo delicioso al medio día para descansar de la rutina de la oficina. Aún así escribo, porque no soy una radical anti-desarrollo, ni tengo nada en contra del centro comercial, sino algunos reparos de la angurria que evidencia semejante edificio.
En aras de ser justos, debo decir que en Medellín los centros comerciales han cumplido una función fundamental al proveer espacio privado para el uso público, ante la ausencia de soluciones estatales, donde lo público se ha limitado a la calle y, con suerte, a algunas aceras (caso aparte merecen las administraciones de Fajardo y Salazar que han hecho mucho). Si bien los urbanistas dicen que estos complejos no sustituyen el espacio público, y tienen razón, no hay duda de que merecen un reconocimiento.
El asunto se me complica en mi cabeza es cuando, en un lote de las dimensiones del que contiene a Santafé, donde los árboles eran los reyes, la solución es tumbar todo lo que huele a naturaleza y sustituirlo enteramente por el concreto y sus secuaces. ¿Valía la pena en Medellín, una ciudad calurosa, replicar el modelo cerrado de Santafé Bogotá, que tiene toda la lógica en el frío capitalino? ¿Nunca se imaginaron sus constructores la maravilla de espacio que habrían podido lograr si hubieran integrado a su complejo comercial ese entorno majestuosos cada vez más único en la Avenida El Poblado?
Sí, mis reparos no son a la llegada de un centro comercial que ha mostrado ser exitoso en Bogotá y que seguro traerá muy buenas cosas a Medellín, mis reparos surgen cuando no logro sacar de mi cabeza la idea de que sus desarrolladores decidieron vender hasta el último metro de espacio para asegurar su éxito comercial. El tema de la competencia exagerada, de quién absorberá esa cantidad de locales, es otro cuento, aquí lo que me ocupa es el éxito en términos humanos, ¿no sería más exitoso que nos permitieran salir con la bolsa del almacén a sentarnos bajo alguno de los árboles del centro comercial? En fin, si así fuera, les tocaría sembrarlos todos otra vez, el problema es que no dejaron espacio.

miércoles 5 de agosto de 2009

Lo simple gana

Los ejemplos de buen periodismo me resultan maravillosos, sobrecogedores. Eso me pasa con la sección Tiempo Real de http://www.eltiempo.com.co/, que incluye entrevistas simpáticas, novedosas y de temas muy contemporáneos que tienen que ver con Internet.
Cada día me convenzo más de que en lo simple están las mayores alegrías y sorpresas, más en un mundo cada vez más complejo y difícil de asimilar. El calor de Medellín de las últimas semanas me ha llenado de alegría, así en ocasiones me sienta realmente sofocada, necesitaba esos cielos azules y ese horizonte infinito que ya casi ni recordaba, hasta me ha inspirado a alimentar el blog nuevamente.
Intenté subir un hermoso video que conocí gracias a las entrevistas que ya mencioné de El Tiempo, que reafirma mi concepto sobre lo simple, pero hay algún problema tecnológico que no logro detectar, así que los invito a verlo en Youtube. Gran trabajo el del periodista Wilson Vega.

viernes 19 de junio de 2009

Tiempo de sequía

Muy abandonado tengo mi blog, paso por él, lo miro con medio desdén y, físicamente, no me provoca escribir. Creo que estoy en tiempo de sequía, y como normalmente soy activa y disciplinada, me cuesta aceptarme en días pasivos.
A un estado que ha sido más bien mental y del alma, se suma ahora un desaliento físico que termina de paralizarme, qué extraño. Ahora viene un fin de semana largo en Colombia y espero que este "retiro" me sirva para desconectarme y tal vez poderme reconectar nuevamente el martes, por ahora no me quiero exigir pensar, ni ser creativa, ni siquiera sensata, voy a aceptarme y a ver qué pasa.

jueves 9 de abril de 2009

Escribirlo, un primer paso

En términos generales soy muy feliz en mi trabajo: conozco gente de todo tipo, no tengo que pasarme la vida entre números, escribo cosas que a veces me gustan y otras que no tanto, pero que no me molestan, estoy en una oficina preciosa y mis compañeros son maravillosos. Creo que soy una afortunada al tener tantas ventajas en la vida laboral, no obstante a veces me llega la duda de si efectivamente estoy cumpliendo con mi misión en la tierra, o si todavía hay algo que haría mejor y disfrutaría más, sólo que no lo he encontrado.
Creo que no soy la única que se hace esta pregunta, de hecho tiene mucho sentido, mi amiga Ana dice que son pocos los afortunados que encuentran en la vida aquello que verdaderamente disfrutan, pues pasándose haciendo cosas que hacen bien, y que no les molestan, no buscan más allá o peor, buscan, pero no encuentran, porque, obviamente, no es tan sencillo. Hoy voy a fantasear un poco con una de las cosas que he querido hacer, y a imaginarme cómo sería mi vida.
He dicho, por ejemplo, que quisiera tener un pequeño café librería, un sitio pequeño y acogedor al que llegaría todos los días a eso de las 9.00 a.m. y a donde yo me encargaría de la mayoría de las cosas. Estaría detrás del mostrador recibiendo a la gente con una sonrisa, mientras les prepararía un café cuyo aroma invadiría todo el espacio; los clientes se sentarían a tomarse su expreso, su capuchino, su tintico, acompañado con un delicioso croissant de queso y una galletita de nueces para endulzar la mañana.
Ellos, claro está, tendrían a su disposición los periódicos del día y un buen surtido de revistas de todo tipo, desde las de moda, pasando por las de actualidad, hasta las de carros. Una característica fundamental sería que nunca los acosaríamos a irse, podrían estar allí la mañana o tarde entera, incluso el día. Es algo parecido al hermoso Prólogo que conocí en Bogotá, claro que no tan librería porque yo no soy tan culta ni he leído tanto como el Lleras dueño de ese hermoso lugar, entonces no podría recomendar tanta cosa, de hecho ellos son más librería, nosotros seríamos más café.
Creo que me inclinaría por tener libros y revistas de temas deportivos y de yoga y vida saludable (incluso para la venta), así el lugar tendría un foco claro; obviamente si vamos por lo saludable, pues tendría que tener alimentos que respaldaran la propuesta. Entonces, además de cafés, dispondría de unos buenos jugos y smoothies, como no soy chef, recurriría a los servicios de Dany, mi hermano, quien además sería el asesor musical, quien velaría porque no aburriéramos a los clientes nunca con malas selecciones para el oído y el gusto.
Siguiendo con el tema del menú, no seríamos un restaurante, sólo café y sitio de snacks, no descartaríamos el menú del día, pero entonces sería un buen sándwiche de salmón ahumado o de queso ricotta con jamón ahumado y similares, y para el que quiera papitas, serían de paquete, bien seleccionadas, pero de paquete, porque no vamos a freír nada, no es que sea fanática antigrasa, amo las papitas a la francesa, pero este lugar deberá oler a café y a chocolate, a dulces deliciosos, pero no a aceite quemado.
Cada día tendríamos una lectura seleccionada que podríamos en las mesas en una fotocopia sencilla, nada complicado, sólo algo que yo misma haya escrito o que tome de algún autor chévere y que sirva para ambientar, para despertar el cerebro al tiempo que el cuerpo se activa con un buen café. Volviendo a la comida, habría beagles (incluyendo los deliciosos de chocolate de Eduardo Madrid, y claro sus muffins de mora y chocolate también), cinnamon rolls, danesas... siempre me voy por lo dulce, qué cosa, pero tranquilos que Dany es más de sal y él no permitiría que el café fuera una simple casita de Hansel y Grethel.
Ahora puedo imaginar muchas otras cosas, pero como apenas estamos montando el negocio (mentalmente), pues no es tiempo de pensar que si un día llevamos a un profe de yoga para una conversada gratuita y bien sabrosa y cosas así, eso sería más adelante. Yo por mi parte, también tendría mi rato libre para sentarme en una mesita, servirme mi buen café y seguir alimentando este blog o a escribir cualquier otra cosa que se me venga a la cabeza; esperaría que fuera un sitio muy cercano a mi casa para no tener que manejar mucho y procuraría llenar el lugar de buena energía y mucha paz.
Creo que me suena, no sé cuando tenga el valor, pero cada día estoy más convencida, vamos a ver, por ahora le voy a mandar este link a mi prima, que dice que las ideas no se pueden quedar sólo en la cabeza, hay que implementarlas. Por lo pronto ya la escribí, vamos a ver si tengo el coraje de darle vida.

martes 31 de marzo de 2009

Elijo aceptarlo

En los siete años largos que llevo trabajando en medios impresos, he tenido un contacto permanente con el error, con lo fácil que es caer en él, con lo obvio que resulta cuando vemos el producto terminado y cuánto se oculta a la hora de pillarlo en las pruebas. En estos años le he cambiado apellidos a sacerdotes y novias el día de su boda, he escrito ampoya en lugar de ampolla (en portada, pero por fortuna en pie de foto), y seguramente muchas otras descachadas, pero nada como el error más reciente: elije, en lugar de elige, en un título de una portadilla de una revista bimestral.
¿Esto que quiere decir? Que mientras el error del periódico "desaparece" al día siguiente, o a la semana siguiente porque yo trabajaba en un semanario, mi última "mala elección", estará dos meses ahí para recordarme el error, qué rabia. Rabia porque tras un trabajo arduo, mil revisiones, satisfacción por el producto... un cambio de última hora, sin pensar mucho, termina por arruinarlo. Así que no sólo es absurdo que yo haya escrito semejante barrabasada, sino que los 10 ojos que lo "vimos" después no hayamos notado el error sino hasta que ya no había nada qué hacer.
Los errores ortográficos son, finalmente, un golpe al ego, en este caso nadie va a entender otra cosa, siendo prácticos es lo mismo "elije" que "elige", me refiero al sentido, porque en otros casos la ortografía cambia el sentido, pero ahí está puesto tu prestigio, tu autoestima, tu nombre, y eso duele. En fin que voy a tratar de tomármela como mi maravilloso cliente, por que hay que ser maravilloso para hacer ciertos comentarios; él me dijo "no te preocupes piba, vamos a decir que el teclado no tenía G".
El día que nos dimos cuenta casi no pude ni trabajar de lo descompensada que quedé y esa noche me desperté a las 4.00 a.m. pensando en la bendita J; ahora estoy un poco más tranquila, ya que le vamos a hacer, seguramente nunca más volveré a dudar en esta palabra, porque los afanes para los cierres seguirán y el error nunca se irá, siempre está al acecho.
Así que me tomo esta jota como una cucharada de humildad en una profesión que nos obliga a exponer nuestros errores a los ojos de los lectores sin alternativa. Un error más, o uno menos, todo depende de cómo miremos las cosas.

sábado 28 de febrero de 2009

Las ciudades

Ayer tuve la suerte de coger la entrevista con Danny Boyle, el director de la premiada película Slumdog Millionaire, en el programa Ojo Crítico de CNN, presentado por un maravilloso Juan Carlos Arciniegas, a quien además debo decir que envidio un poco. Que media hora tan bien invertida, a un buen entrevistador, con un grandioso, pero sencillo invitado, se le suma un traductor que se preocupa por cada acento que ambos personajes dan a la conversación; así que si bien sería mejor verla directamente en inglés, este hombre hace tan buen trabajo, que también resulta placentero con la traducción simultánea.
Pero bien que mi tema no es ese, ni la peli, que no he visto, no por falta de ganas, sino porque hay tanto que evacuar en las salas de cine que aún no llego a ella, mi tema es acerca de algo que dijo Boyle y con lo que me identifico plenamente: "soy un apasionado de las ciudades". Acto seguido, el cineasta decía cómo lo emocionaba conocer una nueva urbe, ir de vacaciones, descubrirlas, verlas crecer, en fin, que por eso lo que más le gustaba era hacer películas donde las ciudades también fueran protagonistas.
Y bien, yo no hago cine, pero trato de consumir todo el que puedo, y si es una película urbana, me deleito. ¿Qué tal la Barcelona de Vicky Cristina? o ¿La Londres de Match Point? Sí, es que en Woody Allen la ciudad también es una obsesión, ya no sólo Nueva York, sino otras urbes contemporáneas tan vibrantes como las de sus últimas cintas. Es maravilloso cuando logro identificar la ciudad desde el principio porque nos ponen algún símbolo de la misma, o cuando al menos algún personaje la menciona; mejor aún cuando se trata de alguna ciudad que he tenido el privilegio de visitar; pero cuando no logro enterarme, siempre ansío de que en los créditos haya alguien tan obsesionado como yo con el tema y me den alguna pista para identificarla.
El tema es tan extremo a veces, que me da duro ver ciertas películas de época o aquellas que se desarrollan en el campo, me hace falta la vibración de esa aglomeración de seres humanos, calles, carros, cafés, librerías; me duele no tener cómo descubrir cuál es el rincón favorito del protagonista en su barrio. Creo que también por eso me gustan las comedias románticas, pues normalmente en este género la ciudad resulta determinante.
Y claro, no sólo me gustan las ciudades en la gran pantalla, me gustan mucho más aún en vivo y en directo. Hace poco, que pude visitar el México DF, y aunque sólo estuve un par de días, me deleité. Qué ciudad, qué avenidas, qué parques, que cafecitos, todo me resultó de una coquetería abrumadora, quería quedarme en cada esquina, por eso entiendo cuando Boyle decía que una ciudad era un destino perfecto para unas vacaciones, reflexionaba diciendo que aunque vivimos en ellas y de alguna manera nos son tan propias, tan obvias, nunca perdían su atractivo.
A ratos las quisiera menos atareadas, mebnos convulsionadas, más calmas, pero normalmente las amo con todo y lo duras que pueden ser. Medellín, aún no tan cosmopolita como las grandes urbes del mundo, ha ganado bastante atractivo en los últimos año, con aceras más amplias y cafés con mesitas que invitan a quedarse, algo que realmente agradezco. Sentarse a ver pasar la gente, inventar historias, detenerse, es un privilegio.
Ahora estoy con la inquietud de descubrir la Mumbay de Dany Boyle en Slumdog Millionaire, una ciudad contemporánea que lo fascinó y sobre la cual dice que, tras conocerla, uno ya no es el mismo nunca. Espero algún día también conocerla en persona, pero por ahora sé que seré muy feliz con la posibilidad de conocerla a través de su magistral sensibilidad.
Para terminar, en mi fila de ciudades favoritas, conocidas, están Ciudad del Cabo en Sudáfrica, brillante y con un verde inimaginable; Barcelona, colorida, sorprendente, otra belleza junto al mar; Boston, una pequeña muy coqueta que también se quedó junto al mar y Nueva York, que si la disfruté con los ojos de los 15 años, no imagino que hará ahora en mi. El DF, aunque lo quisiera por más días y París, igual. De las que no conozco, espero con ansias a Seattle y Chicago en Estados Unidos; Buenos Aires y Sao Paulo en América del Sur y Praga y Estambul en el viejo continente. Seguro se me quedan muchas, pero en fin, ya el cine me ayudará a descubrirla varias de ellas.